Deudas saldadas
La vida me debe cuarto y mitad de entusiasmo. Me pregunto donde reclamar.
Uno va repartiendo ilusiones, contagiando optimismo, convenciendo a quienes nos rodean de que el caleidoscopio del destino acabará obsequiándonos con días mejores y de pronto, por un error de cálculo, hemos dado tanto que nos quedamos en números rojos.
¿Ahora qué? ¿Dónde han ido a parar las ilusiones que malgastaste en berbenas bulliciosos cuando la música y la algarabía confundía al sentido común?
¿Quién se quedó egoistamente con mi vitalidad dejándome en esta especie de letargo adormecido?
No mires para otro lado, no me has devuelto ni una mísera porción de lo que recibiste y ahora te escondes cobarde como un acreedor insolvente.
Lo peor es eso, no haber descubierto a tiempo que tu cuenta corriente no registró nunca orden de transferencia emocional alguna.
¿Lo mejor? Saber que a final de mes estaré de nuevo en condiciones de cubrir este descubierto sentimental en el que me has dejado tras tu atraco.
Nada puede dar quien nada atesora, estás indultado, bastante triste debe ser ya soportar de por vida a un cobrador de frac al que no te atreves a mirar a los ojos. Yo seguiré repartiendo, porque al fin y al cabo, el rojo es el color de la pasión, incluso cuando acompaña números.

azul dijo
Escarcha, esta gente, estos tipos, son chupopteros emocionales que viven de parasitar en los demás, que sobreviven a la llamada a la puerta de gente que les entrega una buena porción de ilusión de su vida. Pero ellos no tienen más que las ilusiones de los demás como tesoro, no tienen ninguna que entregar.... Y eso ya es suficiente deuda de la naturaleza con ellos. Por eso en ese mes imaginario donde tú situas el fin de ese descubierto sentimental, esta muy cerca está quizá en esatas palabras que has escrito hoy..., esta quizá en este comentario y en algún otro...
30 Julio 2006 | 05:06 PM